Si no puedes describirla, no es una estrategia.
Reglas claras de entrada, salida y gestión de riesgo, definidas antes de operar. Mientras vivan solo en tu cabeza no se pueden medir — y lo que no se mide, no se mejora.
Escribes las reglas. Los datos hacen el resto.
Una estrategia no sirve de nada si vive en tu cabeza. El valor aparece cuando cada operación queda vinculada a la suya y puedes comparar.
El problema no eres tú. Es una de tus estrategias.
Lo normal es tener una estrategia que funciona y otra que se come lo que la primera gana. Sin separarlas por escrito, las dos se mezclan en el mismo resultado y parece que el problema eres tú.
Cuál te hace ganar
La que sostiene tu cuenta, con sus números aparte. A veces no es la que creías.
Cuál te está costando
La que llevas meses operando por costumbre y lleva el resultado en rojo.
Cuánto pesa cada una
Cuántas operaciones le dedicas a cada estrategia frente a lo que te devuelve.
Decidir antes, no durante.
Preguntas habituales.
¿Tu estrategia tiene una ventaja estadística?
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